Empleados y jubilados perderán más de medio punto de poder de compra en 2018

Los precios han despertado, tras años de invierno en los que estuvieron bajo cero, y ahora su crecimiento desborda el del bolsillo de los ciudadanos. El INE publicó ayer que la inflación acabó 2017 en el 1,1% frente a diciembre del año pasado, una décima menos de lo que avanzó el Índice de Precios al Consumo (IPC) hace una semana. Pese a esta corrección, la media anual de a umento de los precios fue del 2%: en todo caso ambos porcentajes reflejan un incremento del coste de la vida superior al del alza de los salarios -la remuneración por asalariado hasta septiembre fue del 0,1% mientras que el Gobierno espera un incremento del 1,1% para este año, que tampoco iguala el aumento medio anual del 2%- y el de las pensiones, que se revalorizaron un 0,25% como marca la Ley. Esta senda en la que los precios crecen más que las nóminas no se veía desde 2012 pero todo parece indicar que ha llegado para quedarse. Pensionistas y trabajadores volverán a perder poder adquisitivo este año a tenor de las previsiones del Gobierno y de los organismos económicos. El Ejecutivo ya ha aprobado una revalorización de las pensiones del 0,25% para 2018 mientras que, según las estimaciones del plan presupuestario remitido a Bruselas, la remuneración por asalariado crecerá un 1,1%. Ambos porcentajes son inferiores a lo que crecerá la inflación. El Gobierno cree que los precios, medidos a través del deflactor de consumo privado, subirán un 1,6% el año que viene, un porcentaje superior al del crecimiento de las nóminas. Mientras el IPC mide la evolución de precios de la cesta de bienes y servicios de mayor importancia para las familias, el deflactor de consumo privado también recoge la demanda de las empresas y añade más referencias. Sin embargo, ambos indicadores suelen ir alineados. De hecho, la Fundación de Cajas de Ahorro (Funcas) prevé que el IPC medio este año avanzará también un 1,6%: medio punto por encima de lo que crecerán los salarios según las previsiones del Gobierno y 1,35 puntos por encima de lo que engordarán las pensiones. Ante esta situación, la secretaria de Estado de Economía, Irene Garrido, pronosticó ayer una «bajada sustancial» del IPC en enero y febrero, y ha dicho que «lo lógico» es que se produzca una «normalización» salarial ante una recuperación «consolidada». Sin recuperación salarial El bolsillo corre tras los precios. Los aumentos de precios no se están viendo repicados en salarios y pensiones. Por un lado las pensiones seguirán subiendo un 0,25% marcado por Ley mientras el sistema siga teniendo desequilibrio. Ello se debe a que pese a la aguda creación de empleo, los puestos que se generan tienen sueldos moderados. Asimismo, pese a que los ingresos por cotizaciones están en máximos históricos, el gasto en pensiones también bate récord: cada vez hay más jubilados y los trabajadores que se retiran cobran pensiones más altas que los que abandonan el sistema. Los salarios pactados por convenio, que excluye a parte de los trabajadores, subieron de media un 1,43% el año pasado. Como fuere, finalmente el INE recortó ayer en una décima su previsión adelantada de IPC que publicó hace dos semanas. Ello supone seis décimas menos que lo que marcó el IPC interanual en noviembre. En los datos desagregados se observa que la razón de esta bajada, como suele ser habitual, se explica por el comportamiento de la energía y de los alimentos. «El retroceso responde al fuerte descenso de la inflación en los componentes más volátiles -alimentos no elaborados y productos energéticos-. En estos últimos se produjo una desaceleración muy acusada de la inflación, desde el 5,9% de noviembre hasta el 2,6%. Electricidad, combustibles y carburantes se encarecieron un 0,3%, frente al ascenso del 4% en el mismo mes del año anterior», analiza Funcas. Energía y alimentos, de hecho, explican el 50% del aumento de los precios durante el año pasado. La inflación subyacente, que excluye ambos componentes, se mantuvo estable en diciembre en el 0,8%, tres décimas menos que la general. Si cogemos la media de todo 2017, la tasa subyacente fue del 1,05%. Pese a que la energía continuó encareciéndose, subió menos que en diciembre de 2016, mes con el que se compara la variación interanual del IPC. De hecho, de un mes a otro los precios se congelaron registrando crecimiento plano, de un 0%. Al tomar los grupos de productos que recoge Estadística, lo que más aumentó precisamente en 2017 fueron los carburantes y combustibles con un incremento del 3,8%. En el índice más detallado de rúbricas, los bienes que más subieron responden a alimentos perecederos: aceites (un 8,7%), huevos (un 5,2%) y fruta fresca (un 4,1% de alza). Bailes del petróleo Al analizar la comparativa entre diciembre de 2016 y de 2017, si el IPC se redujo tanto frente a noviembre se explica por que a finales de noviembre de 2016, los países productores de la OPEP acordaron recortar la producción de petróleo, lo que se tradujo en una revalorización del precio del Brent del 22% de un mes a otro, desde el entorno de los 45 dólares a superar los 55. Por ello, al comparar de un mes a otro el dato interanual, la inflación de diciembre bajó con tanta intensidad frente a noviembre. Las fluctuaciones en el precio del crudo son capitales para la economía española, que importa el 99% del petróleo que consume. Si bien en las últimas semanas el precio del barril de petróleo Brent ha escalado hasta acercarse a los 70 dólares, este efecto ha sido contrarrestado por la apreciación del euro.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: