Falsificaciones, el «caramelo envenenado» del negocio del arte

Cuando el coleccionista y físico John Drewe le contó al pintor John Myatt que había conseguido vender una de sus copias por 25.000 libras comenzaron a rodar los millonarios engranajes que dieron lugar al «mayor fraude de arte del S.XX» . La estafa duró 17 años, durante ese período más de 200 falsificaciones pasaron de mano en mano. Myatt y Drewe vendieron falsificaciones de Giacometti, Braque, Le Corbusier, Monet o Mattisse por miles de dólares a las casas de subastas más importantes del mundo. Se estima que llegaron a amasar una fortuna de más de 10 millones de libras. En 1995 una importante casa de subastas detectó una de sus falsificaciones y cerró la caja de los vientos. Tras cuatro meses de cárcel Myatt quedó en libertad, ahora conduce un programa de televisión: Falsificaciones. «La Femme Au Chapeau Bleu» - Pablo Picasso El caso de María Apello Cruz fue uno de los más peculiares: era falsificadora sin saberlo. Tathiana Khan, la propietaria de la galería Chateau Allegre y también su jefa, la había convencido presuntamente para que realizase una copia perfecta de un Picasso, «La Femme Au Chapeau Bleu». Según Khan, la obra había sido robada y necesitaba engañar al ladrón, así que debía realizar el plagio con total discrección. La galerista le pagó 1.000 dólares a la pintora, después vendió su falsificación por 24.000. El coleccionismo en España tiene menos tradición que el norteamericano o el centroeuropeo, sin embargo, la picaresca ha sabido amoldarse al crecimiento del mercado desde la transición. El caso de falsificación más reciente se conoció en febrero de 2016, cuando los Mossos d’Esquadra detuvieron a un familiar de Josep Tharrats que había heredado su habilidad con el pincel e intentó también hacerse con la firma millonaria de su tío. Compinchado con un conocido galerista, los estafadores consiguieron extraer una jugosa cuantía a numerosos coleccionistas durante años. Donald Trump defendió durante años la autenticidad de un falso Renoir que poseía sin saber que el auténtico se exponía en el Arts Institute de Chicaco desde 1993 El mercado del arte extrajo un rédito necesario de estos escándalos: la cautela. «La filtración de falsificaciones en el mercado no interesa a nadie. Ni a casas de subastas, ni a galeristas ni a anticuarios. Nos interesa fidelizar clientes y que permanezcan con nosotros durante generaciones y cuanto más honestos, claros e incorruptibles seamos mejor nos irá», asegura María Yelo, Bussiness Development y experta en impresionismo en Christie’s . La centenaria casa de subastas se asentó en España en la década de 1970, pero soporta 250 años de tradición a sus espaldas. Sus clientes, confirma la experta, son familias que confían en ellos desde sus inicios. Sin embargo, cuenta que el arte es un mercado que, «aunque se ha resentido con la crisis» sigue moviendo grandes cantidades de dinero. El nuevo coleccionista huye de la impulsividad y tiende, según los expertos consultados, a asesorarse más antes de invertir, por eso cada vez más empresas y particulares se especializan en esta materia. La falsificación es todavía un fantasma que pesa y suena en la conciencia de los compradores potenciales. Luciano Delgado lleva desde 2008 compaginando la abogacía con el oficio de perito judicial de obras de arte, trabaja actualmente en wecollect.club. «Hace años, cuando se compraba un cuadro falso asumías la compra y lo intentabas colar al siguiente, hoy en día cada vez hay más jurisprudencia, pero estamos lejos de estar a la altura de países como Francia, que tienen mucha más tradición». Dalí, Picasso o Miró son los artistas más falsificados en España En los últimos quince años la especialización de profesionales en legalidad en el entorno del arte está creciendo. Muchos, cuenta Delgado, trabajan al abrigo de grandes casas de subastas que los necesitan porque «manejan un volumen de obras demasiado grande y trabajan a un ritmo vertiginoso». Otros ejercen para asesorías de arte al servicio de coleccionistas privados, como es su caso. Dalí, Picasso o Miró, según cuenta el perito, son los artistas más falsificados en España: «A veces los expertos no se ponen de acuerdo y se han dado casos de obras que se han quedado en un limbo de por vida». Yelo se abstiene de dar nombres, pero ofrece claves: «Cuanto más vale la obra de un artista y más reconocido sea más se intentará falsificar, también hay artistas que son más fáciles de falsificar que otros». Cuenta que, sobre todo en arte antiguo, el rastreo se dificulta ya que permanece menos documentación de las obras que se mueven en el mercado. Claves para evitar las falsificaciones La información es el arma más poderosa contra las falsificaciones, por eso los expertos coinciden en que el coleccionista debe ser también un amante de las bellas artes. El segundo consejo se da casi por sí mismo: «buscar asesoramiento profesional. Cuanto más, mejor», insiste Delgado. «Siempre es más seguro comprar en una casa de subastas que a un particular porque tiene una ‘macroestructura’ detrás que cubre muchos frentes», argumenta Yelo. Las grandes casas cuentan con expertos en historia del arte, en investigación, en legalidad, en finanzas y en asesoría del derecho. Aunque tanto galerías como anticuarios que cumplen con los requisitos legales y certificados de autenticidad de las obras son igualmente fiables. «Es difícil que nos equivoquemos, pero puede pasar»María Yelo, Bussines Development de Christie's Muchos compradores se dirigen a Christie’s sin intención de hacerse con ninguna de sus obras, lo que llevan consigo es sólo la intención de comprar. En mano llevan la oferta, la ficha de la obra y el precio que le exige el vendedor. Los especialistas consultan toda la trayectoria de la obra desde que sale del taller hasta que llega a las manos de su actual propietario. «Es muy raro que nos equivoquemos, movemos cientos de miles de obras al año y es muy difícil que no detectemos una falsificación, hay un trabajo muy meticuloso detrás. Pero puede pasar». «Una subasta es pública, la venta de particulares no deja rastro, deben prevenirse problemas de difícil solución cuando desde el derecho se intentan defender los intereses del comprador», indica Delgado. El perito recomienda también ser escéptico con las oportunidades si el vendedor es poco claro: «si a alguien le cuelan una falsificación, probablemente intente deshacerse de ella lo antes posible». Si un coleccionista pretende realizar una compra por su cuenta, debe, según los expertos, seguir en la medida de lo posible los pasos como lo haría un profesional: Consultar con la sucesión del artista o, en el caso de que el artista viva, consultarlo directamente con él. Consultar toda la documentación posible desde la creación de la obra y rastrear todos los catálogos razonados. Yelo lamenta las muchas ocasiones en las que no quedan expertos para consultar la autenticidad de una determinada obra. Recomienda en ese caso consultar toda la bibliografía posible y a todos los expertos sobre la época como lo harían los catalogadores de las casas de subastas y, posteriormente, el área de expertización: «Nuestros catalogadores lo consultan todo con expertos y son muy precisos. Puede que todos los datos lleven a una respuesta correcta pero, de pronto, en una época pudo una galería sacar una serie de falsos al mercado, o un artista pudo morir sin descendencia o tener un familiar que también sabía pintar. Hay muchos factores que pueden hacer que los estudios fallen». Lo más sensato, coinciden los profesionales, es que antes de realizar la inversión los profesionales certifiquen su autenticidad. Leyes, la «asignatura» pendiente del coleccionista En junio de 2017 la justicia archivó la causa contra Jaime Botín por un presunto caso de contrabando de arte. La obra en cuestión, «Cabeza de mujer joven», de Picasso, pertenecía a su familia desde 1977. Estaba en un yate y lo reclamaba el gobierno español. La legalidad suele ser un terreno farragoso para el coleccionista, por eso muchos juristas encuentran en este entorno una salida profesional. «Estudié derecho, pero me apasionaba el arte y es un terreno con mucha demanda», reconoce Delgado. El experto recomienda a todo potencial comprador no dejar de lado la vertiente legal y administrativa y tener en cuenta tanto la Ley de Patrimonio de 1985 como el Real Decreto de 1986 para evitar sorpresas desagradables como las que perturbaron a Jaime Botín. «Dado el interés cultural que suscita una obra, el Estado muchas veces puede reclamarla, conviene consultar a un jurista experto antes de sacar una obra del país», cuenta Delgado. Reconoce que acuden a él clientes por cuestiones de tanteo, el derecho de adquisición en la transmisión de bienes culturales. Y de retracto, que se puede ejecutar cuando una venta no ha sido correctamente comunicada a las instituciones pertinentes. Como también para presentar una oferta de venta irrevocable. Confiesa que falsificaciones siguen siendo una de las áreas legales que suscitan mayor interés, son un fraude manifiesto y provocan grandes pérdidas económicas. Aunque, conviene recordar, que algunos coleccionistas pueden llegar a encariñarse con sus falsificaciones. Es el caso del mismísimo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que durante años defendió la autenticidad de un falso Renoir que poseía pese a la insistencia de los expertos, que se cansaron de insistir ante el entonces magnate argumentando que el verdadero Renoir se exponía desde 1993 en el Arts Institute de Chicago. Un caso memorable fue el de Camilo José Cela, que consiguió convertir la falsificación de un cuadro de Joan Miró en un auténtico cuadro del pintor. La obra presidía el salón de literato, que descubrió el fraude la tarde en la que invitó al artista a su casa. El catalán, escandalizado, destrozó el lienzo con un cuchillo. Poco después, arrepentido, lo pintó de nuevo y se lo regaló.

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