Retrato de la cutrez

Fue el debate más extraño desde la recuperación democracia. Faltaban dos de los tres principales candidatos: uno encarcelado y el otro fugado. Ahora porque nos hemos acostumbrado, pero fue demencial la estampa. La facilidad con que se acusó a España de ser un Estado «demofóbico» y fascista, por el simple hecho de hacer cumplir su Ley, fue tan llamativa como la pasividad de un moderador que más bien pareció un domador de delfines, sólo pendiente del cronómetro y del absurdo formato de tan deprimente debate. Esquerra ha renunciado a Junqueras y esconde a su recambio, Marta Rovira, porque no confía ni en su discurso ni en su compostura. Los estrategas del partido asistieron horrorizados al cara a cara con Inés Arrimadas en «Salvados» y ayer pusieron como excusa la manifestación de Bruselas para que su nueva líder no se presentara, cuando todo el mundo sabe que había vuelos de sobra entre las dos ciudades para asistir a la manifestación y llegar a tiempo al debate. Los republicanos saben que sin Junqueras se han quedado como una gallina decapitada que continúa corriendo, y que lo de Rovira es un parche hasta el día 21, y eso si no se la fuerza demasiado, porque carece de voz presidencial y su facilidad para llorar por nada y para decir las más inverosímiles tonterías pueden acabar de arruinar una campaña que hace un mes parecía que iba a ser un paseo para ERC y que hoy parece tomada por Carles Puigdemont. Puigdemont, en su apoteósico extravío, no ha asumido todavía que no volverá nunca a ser presidente de la Generalitat. El independentismo más hiperventilado, tampoco. El voto más estomacal, radical y sediento de épica se lo está llevando este hombre que iba a convocar elecciones autonómicas, declaró una independencia que ni él mismo reconoció y ahora juega a decir que es el presidente legítimo en el exilio y consigue robarle votos a Esquerra y a la CUP en nombre de una presidencia que no va a poder ostentar: es otra de sus promesas, siempre entre el fraude y la incapacidad. Salvo Miquel Iceta, que más allá de la afinidad o la discrepancia tiene una talla política indiscutida, el debate fue el retrato de una Cataluña triste, cutre, sin ningún alcance intelectual y ya no digamos humanista, con unas intervenciones que en el caso de los independentistas estuvieron instaladas en el más absoluto de los delirios -mezclando la independencia con el cambio climático, como hizo Turull- y que en Arrimadas y a García Albiol no pasaron del cacareo de eslóganes que no por ciertos dejaban de ser bastante baratos, sin ser capaces ninguno de los dos de contestar con eficacia y de una vez por todas -y no es tan difícil, ¡por el amor de Dios!- a las más burdas falsedades del exaltado sustituto de la señora Rovira o a las de ese poltergeist, mitad del noi del sucre, mitad de la tía del pueblo a la que vamos a ver cuando se constipa, que es el candidato (Riera) de la CUP.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: